EL ARCA DE NOÉ (O EL TRISTE FINAL DE UN ADICTO AL TRABAJO) Soc. Daniel Romero Pernalete Se sintió muy bien realizando a la perfección su primera tarea importante. Sus compañeros lo felicitaron y su jefe lo elogió públicamente. Desde entonces, empezó a esmerarse en sus trabajos como si en cada uno se jugara la vida. La aprobación de superiores e iguales lo acicateaba en todo momento. Se diría que la oficina giraba alrededor de él. No había trabajo importante que no fuera a parar a sus manos. Y cada vez se exigía más para no arriesgar su bien ganada reputación de trabajador eficiente. Por ahí se inició el desastre. Comenzó a trabajar horas extras, pagadas o no. Era el primero en llegar a la oficina y el último en abandonarla. Era quien prendía y apagaba las luces del despacho. No contento con eso, fue adoptando la costumbre de llevarse trabajo a su casa. Las noches eran para trabajar y los fines de semana para se...
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COMO LLEGAR A LA CASA DEL 'NUNCA' (O LA DAÑINA PROCRASTINACIÓN) Soc. Daniel Romero Pernaete, MSc Ella era la asistente del gerente de créditos. Su mano derecha, vale decir. Un lunes, su jefe la llamó a las 9:15 am para pedirle que redactara un oficio mediante el cual se rechazaba una solicitud de crédito presentada por un importante cliente. Quiso redactar el escrito con la mayor delicadeza, a fin de no herir la susceptibilidad del cliente, quien le era conocido. Se le ocurrió, entonces, buscar una carta similar que le sirviera de guía. Decidió visitar el archivo general del departamento que estaba ubicado al final de la gran sala de trabajo, a unas siete estaciones de trabajo de su oficina. Para poder dedicarse a redactar el oficio sin asuntos pendientes, se obligó a responder tres correos electrónicos que acababan de hacer su aparición en la bandeja de entrada. Enseguida hizo un par de llamadas que tenía pendientes desde el día ante...
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EL MATADOR CORNEADO (O COMO CREAR UN GERENTE MEDIOCRE) Soc. Daniel Romero Pernalete, Msc. Siempre le gustó destacar en lo que hacía. Así que cuando consiguió un empleo como ejecutivo de ventas en una compañía de seguros, se propuso ser el mejor vendedor. Leyó cuanto libro sobre técnicas de venta pudo conseguir en las librerías locales. Y devoró cuanto texto digital encontró sobre el tema en Internet. A su formación, agregaba una simpatía natural y una extraordinaria facilidad de palabra. Se convirtió en un as de las ventas. Difícilmente se le escapaba un cliente. Donde ponía el ojo, ponía una venta. Se ganó entre sus compañeros el apodo de “El Matador”. Todos en la compañía , sin excepción, lo admiraban y lo respetaban. Llevaba tres años como ejecutivo de ventas cuando e l gerente de la zona, cuyo éxito en buena medida se debía al esfuerzo de “El Matador”, fue trasladado a otra región para consolidar la compañía en su nuevo destino. Cuando se busc...
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EL HOMBRE ORQUESTA (Y la Empresa Peter Pan) Soc. Daniel Romero Pernalete, MSc Juntaron sus ahorros y su entusiasmo para crear una pequeña empresa de servicios. José Sagaz y Juan Afanador querían ser sus propios jefes. Sagaz tenía muchos contactos, grandes habilidades para la negociación y una visión panorámica que le permitía ver el bosque más allá de los árboles. Afanador, por otro lado, era un trabajador incansable, de esos que le echan ganas a las ganas. Parecía una buena combinación. Cacumen y empuje apuntando en una misma dirección. Los primeros clientes no tardaron en aparecer. En esos tiempos, Sagaz se encargaba con mucha eficiencia de buscar nuevos clientes, atender quejas de los actuales, llevar la contabilidad, manejar las cuentas bancarias, atender los rollos de Hacienda y del Seguro Social… ¡y hasta de publicitar la empresa a través de las redes sociales!.. Afanador, mientras tanto, reclutaba, seleccionaba, contrataba y adiestraba al personal de...
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LAS MULAS DE ANTIOQUÍA (O la importancia de los colaboradores) Soc. Daniel Romero Pernalete, MSc Conozco a la empleada y a su jefe. Y conozco la empresa. No voy a dar nombres, por supuesto: solamente voy a registrar hechos, a manera de ilustración. Hace algún tiempo, muy desanimada, mi amiga me comentó algo que sucedía con frecuencia en la dependencia donde trabajaba. Cada vez que el jefe tenía que presentar un informe a los “más jefes” que él, solicitaba datos, cuadros y presentaciones que ella y su equipo elaboraban con esmero. Cuando le iba bien en su exposición, el jefe aceptaba los elogios de los “más jefes” y alardeaba de sus habilidades como directivo, ¡pero ni una palabra de aliento para quienes habían preparado el informe! Los laureles eran suyos y no quería compartirlos con nadie. No obstante, cuando las cosas salían chuecas, no dudaba un ápice en pasarles la cuenta a sus empleados. La factura siempre la pagaban ellos. Los fallos eran de los subordinado...
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EL TALÓN DE AQUILES (O LA EXPERTICIA INÚTIL) Soc. Daniel Romero Pernalete, Msc Vamos a llamarlo Aquiles por aproximación, para no perturbar su descanso eterno. Ingresó a la universidad cuando cuando ella y él eran jovenzuelos. Era técnico en reparación de máquinas de escribir manuales. Un verdadero experto en desarmar y armar ese tipo de aparatos. En broma le decíamos que él había sido el inventor del Lego. Por mucho tiempo fue el rey de las máquinas de escribir. “A estas máquinas las conozco yo como si las hubiera parido”, solía fanfarronear... Poco a poco fueron haciendo su aparición las máquinas eléctricas y casi de inmediato las computadoras. Varios amigos le sugeríamos a Aquiles que se adelantara a los tiempos y que tomara cursos para aprender a reparar computadoras. Pero él siempre alegaba su falta de tiempo. Alguna razón tenía. Las máquinas de escribir manuales, aporreadas por el tiempo y por el uso, requerían con mayor frecuencia de su intervención. Y como era...
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EL BEBÉ DE INDIRA GANDHI (O LA IMPORTANCIA DE LOS RESULTADOS) Soc. Daniel Romero Pernalete, Msc Tenía yo quince años y la cabeza llena de sueños. Él tendría unos cincuenta y la cabeza llena de conocimientos. Francisco Carvallo, se llamaba, y fue mi primer profesor de física en el Liceo Lisandro Alvarado de Barquisimeto, mi ciudad natal. Desde el primer día de clase me enamoré de la asignatura. Mi obsesión me llevaba a leer todo lo que en aquel tiempo hablara de física y estuviera a mi alcance. Desde el examen inicial (hasta un inolvidable día de junio) obtuve siempre la máxima calificación, que para entonces era de 20 puntos. El inolvidable día de junio llegó con el último examen bimestral de Física. Cuatro problemas con un valor de cinco puntos cada uno. Haciendo gala de una soberbia que poco a poco he ido domesticando, entreg ué el examen unos veinte minutos antes de que venciera el tiempo que nos habían concedido para concluirlo. Puse mi examen en manos de...
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EL CRISTAL CON QUE SE MIRA (O EL JUEGO DE LAS PERCEPCIONES) Soc. Daniel Romero Pernalete, MSc No sé qué será de su vida. Lo conocí en una visita académica a la empresa que él gerenciaba. Con el tiempo se convirtió en amigo. Uno de mi segundo círculo de amistad. De esos que uno aprecia y respeta pero no frecuenta… Una vez me invitó a un café conversado, para comentarme que había tomado la decisión de hacer una reestructuración de la empresa, pero que el asunto se le estaba enredando. Explicaba que cuando hizo el anuncio en una reunión con la gerencia media, notó inmediatamente dos reacciones opuestas: algunos recibieron con agrado la noticia; otros la tomaron con ácida suspicacia. Los primeros vieron en la reestructuración una oportunidad para avanzar personalmente y transmitieron esa idea a sus grupos de trabajo. Los segundos vieron la propuesta como una amenaza y contagiaron sus miedos a su gente. Los primeros, después del anuncio, acentuaron sus esfuerzos, a...
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ACHICAR Y REMAR (O LÍDERES VERSUS GERENTES) Soc. Daniel Romero Pernalete, MsC “ Achicar y remar” es una expresión común entre los pescadores del oriente de Venezuela que alude a dos actividades esenciales que ellos ejecutan cuando realizan su faena. Achicar hace referencia a la acción de ir extrayendo el agua que se acumula en el fondo del bote casi siempre por efecto del oleaje. Remar indica el acto de dar dirección e impulso a la embarcación para hacerla avanzar hacia el punto de llegada. Ambas acciones son indispensables. Si se achica pero no se rema, el bote se mantendrá a flote, pero sin avanzar, quedando al arbitrio de corrientes y oleajes. Por el contrario, si se rema y no se achica, la embarcación avanzará muy poco antes de hundirse por el peso del agua acumulada. Solo si se achica y se rema, el bote podrá avanzar en el rumbo deseado sin hundirse. Algo similar ocurre con las organizaciones. En ella hay que atender los asuntos del día a día, que...